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From the Pastor's Desk

My Dear Friends,

Father Flores and I cannot thank our community enough for the magnificent caravan that was organized to celebrate our respective anniversaries of priestly ordination. I celebrated 18 years of priestly ministry on May 11, and Father Flores celebrated 3 years of service on May 13. It truly felt like a parade as the City of Coral Gables Police and Fire Departments (and one fire truck from the City of Miami) led the caravan from the Biltmore up Anastasia Avenue towards the church. For 30 minutes, the two of us waved as we were so overjoyed to see our parishioners who we have not seen in two months! We were overwhelmed by the display of love and affection towards your priests. We are honored to serve you each and every day, and we cannot wait to welcome you back to church so we can properly celebrate around the table of the Lord in the Eucharist. Which we pray will happen soon.

This brings me to the topic of today’s bulletin column: the reopening of our church for the public celebration of Mass. As I said in my homily two Sunday’s ago, the old normal is not coming back. At least not now. Closing the church on March 18, as painful as that was, was sudden and quick compared to the difficult task of reopening. There are so many factors that we are considering to keep our community safe. Social distancing will be a must, as will be the wearing of protective masks. Yes, Mass will look a lot different when we resume.

We do not know yet how many people will be allowed in our church for liturgies. But sadly, it will not be the open access we once had. There will be a limit on how many may gather inside. We are not accustomed to limits being imposed on us, especially when we come to church to pray and worship, which is why I ask this of everyone: patience. This will take some time to get used to, and re-entry will be bumpy. There is no playbook for this. We are consulting with civil authorities, the Archdiocese, and our Parish Council along with our Parish Staff are making the necessary plans to make this difficult transition as smooth as possible.

But again, I cannot overemphasize this enough: this will be difficult. Yet it is worth doing to finally bring you the Eucharist in person. It will be difficult because just as we are inconvenienced and annoyed when we have to wait outside at the supermarket or pharmacy when there are too many people inside, we may have to do the same here. We are still planning on what that will look like. There are many ideas that are being proposed and when we settle on one, I will share it with all of you. Mass schedules may need to be altered because at the end of every Mass, the church needs to be cleaned and all pews wiped down. Families will be allowed to sit together but everyone else must sit six feet apart. Communion will be a slower process because we have to process up six feet apart from each other and there will be fewer Ministers of Communion. Yes, this is our new reality, but we must adjust to keep our community safe and prevent the further spread of the virus. It is above all an act of charity.

So, since we are two weeks from the Solemnity of Pentecost, may I suggest that we pray to the Holy Spirit that He may pour out on us an abundance of the spiritual fruit of patience. We are going to need even more of it, but again, all this effort is so worth it just to be able to experience and receive the Eucharistic Christ in person. And that day is drawing closer and closer, so let us rejoice because even though it may look different, we will soon be able to gather to celebrate the Risen Christ.

God bless you all,

Fr. Manny

Del Escritorio del Padre

Mis Queridos Amigos,

El Padre Flores y yo no podemos agradecer lo suficiente a nuestra comunidad por la magnífica caravana que se organizó para celebrar nuestros respectivos aniversarios de ordenación sacerdotal. Celebré 18 años de ministerio sacerdotal el 11 de mayo, y el Padre Flores celebró 3 años de servicio el 13 de mayo. Realmente se sintió como una parada como los departamentos de policía y bomberos de la ciudad de Coral Gables (y un camión de bomberos de la ciudad de Miami) condujeron la caravana desde el Biltmore por la avenida Anastasia hacia la iglesia. ¡Durante 30 minutos, los dos estuvimos saludando cuando estábamos tan felices de ver a nuestros feligreses a quienes no habíamos visto en dos meses! Estábamos abrumados por la muestra de amor y afecto hacia sus sacerdotes. Tenemos el honor de servirlos a ustedes todos los días, y estamos ansiosos por darle la bienvenida de regreso a la iglesia para poder celebrar adecuadamente alrededor de la mesa del Señor en la Eucaristía. Lo cual rezamos para que suceda pronto.

Esto me lleva al tema de la columna del boletín de hoy: la reapertura de nuestra iglesia para la celebración pública de la misa. Como dije en mi homilía hace dos domingos, la normalidad antigua no va a regresar. Al menos no por ahora. El cierre de la iglesia el 18 de marzo, por doloroso que fue, fue repentino y rápido en comparación con la difícil tarea de reabrir. Hay tantos factores que estamos considerando para mantener a nuestra comunidad segura. El distanciamiento social será imprescindible, al igual que el uso de máscaras protectoras. Sí, la misa se verá muy diferente cuando reanudemos.

Todavía no sabemos cuántas personas se permitirán en nuestra iglesia para las liturgias. Pero lamentablemente, no será el acceso abierto que una vez tuvimos. Habrá un límite en cuántos se pueden reunir adentro. No estamos acostumbrados a los límites que se nos imponen, especialmente cuando venimos a la iglesia a rezar y adorar, por lo cual les pido esto a todos: paciencia. Tomará algún tiempo acostumbrarse y el reingreso será irregular. No hay libro de seguir para esto. Estamos consultando con las autoridades civiles, la Arquidiócesis y nuestro Consejo Parroquial y junto con nuestro personal parroquial, estamos haciendo los planes necesarios para que esta transición difícil sea lo más fácil posible.

Pero, una vez más, no puedo enfatizar demasiado esto: será difícil. Sin embargo, vale la pena hacerlo para finalmente traerles la Eucaristía en persona. Será difícil porque, al igual que nos molestamos y nos irritamos cuando tenemos que esperar afuera en el supermercado o en la farmacia cuando hay demasiada gente adentro, es posible que tengamos que hacer lo mismo aquí. Todavía estamos planeando cómo será eso. Hay muchas ideas que se proponen y cuando nos decidamos en una, las compartiré con todos ustedes. Es posible que sea necesario modificar los horarios de misas porque al final de cada misa, la iglesia necesita ser limpiada al igual que los bancos. Se permitirá a las familias sentarse juntas, pero todos los demás deben sentarse a seis pies de distancia. La comunión será un proceso más lento porque tenemos que dejar hasta seis pies de distancia entre sí y habrá menos Ministros Extraordinarios de la Comunión. Sí, esta es nuestra nueva realidad, pero debemos adaptarnos para mantener a nuestra comunidad segura y evitar una propagación mayor del virus. Es sobre todo un acto de caridad.

Entonces, dado que estamos a dos semanas de la solemnidad de Pentecostés, permítanme sugerirles que oremos al Espíritu Santo para que derrame sobre nosotros una abundancia del fruto espiritual de la paciencia. Vamos a necesitar aún más, pero de nuevo, todo este esfuerzo vale la pena solo para poder experimentar y recibir al Cristo Eucarístico en persona. Y ese día se acerca cada vez más, así que regocijémonos porque aunque parezca diferente, pronto podremos reunirnos para celebrar a Cristo Resucitado.

Que Dios Los Bendiga,

Padre Manny