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From the Pastor's Desk

My dear friends,

This past week, Father Flores and I spent three days with all the priests of the Archdiocese of Miami at our annual Priest Convocation. It is a blessed time where all the priests that serve our local church gather to pray together, discuss matters of interest of the church, spend some time in priestly fraternity, and meet with the Archbishop to discuss the current state of the Archdiocese and our work to preach the gospel and continue to build up the Kingdom of God in our small corner of the world.

Every time I gather with my brother priests, I am reminded of the awesome responsibility that has been entrusted to us. I know that whenever we have lay people attend one of our prayer services or Masses at the convocation, they are edified by seeing 250 or so priests united in prayer. We are reminded by the Archbishop of this solemn mission that we have of feeding your souls and bringing you closer to the heart of our Lord. In fact, in a note he sent to me early in the week, he quoted a beautiful passage from Pope Pius XII:

… the priesthood is a great gift of the Divine Redeemer, Who, in order to perpetuate the work of redemption of the human race which He completed on the Cross, confided His powers to the Church which He wished to be a participator in His unique and everlasting Priesthood. The priest is like “another Christ” because he is marked with an indelible character making him, as it were, a living image of our Savior. The priest represents Christ Who said “As the Father has sent me, I also send you”;[11] “he who hears you, hears me”. Admitted to this most sublime ministry by a call from heaven, “he is appointed for men in the things pertaining to God, that he may offer gifts and sacrifices for sins”. To him must come anyone who wishes to live the life of the Divine Redeemer and who desires to receive strength, comfort and nourishment for his soul; from him the salutary medicine must be sought by anyone who wishes to rise from sin and lead a good life. Hence all priests may apply to themselves with full right the words of the Apostle of the Gentiles: “We are God’s helpers”. –Pope Pius XII “Menti Nostrae” (7), 1950

Reading this always leaves me humbled as God’s servant. Last week, I preached about the Good Shepherd who goes out in search of the lost sheep. Such is the priestly heart of our Lord and of your priests who are constantly yearning to bring lost souls home. We were edified by the amount of people who attended last Monday’s Healing Mass to receive anointing and to go to confession. As priests of the Church of the Little Flower, we are constantly in awe of all the good works done by the people of God though our ministries and all those who attend Mass every day or visit the Blessed Sacrament every day to be nourished by God’s presence. We are a priestly people called to do extraordinary things in Christ’s name. Your priests were reminded this past week that we are simply at your service to nourish you and sanctify you as we all work towards building up the Kingdom of God.

God bless you all,

Fr. Manny

Del Escritorio del Padre

Mis queridos amigos,

La semana pasada, el Padre Flores y yo pasamos tres días con todos los sacerdotes de la Arquidiócesis de Miami en nuestra Convocatoria anual Sacerdotal. Es un tiempo bendecido donde todos los sacerdotes que sirven a nuestra iglesia local se reúnen para rezar juntos, discutir asuntos de interés de la iglesia, pasar algún tiempo en la fraternidad sacerdotal y reunirse con el Arzobispo para discutir el estado actual de la Arquidiócesis y nuestro trabajo de predicar el evangelio y continuar construyendo el Reino de Dios en nuestro pequeño rincón del mundo.

Cada vez que me reúno con mis hermanos sacerdotes, recuerdo la responsabilidad increíble que se nos ha confiado. Sé que cada vez que tenemos laicos que asisten a uno de nuestros servicios de oración o misas en la convocatoria, se edifican al ver a unos 250 sacerdotes unidos en oración. El Arzobispo nos recuerda esta misión solemne que tenemos de alimentar sus almas y acercarlos al corazón de nuestro Señor. De hecho, en una nota que me envió a principios de semana, citó un hermoso pasaje del Papa Pío XII:

… el sacerdocio es, ciertamente, el gran don del Divino redentor: pues éste, a fin de perpetuar hasta el final de los siglos, la obra de la redención, por él consumada en su sacrificio de la Cruz, confió su potestad a la Iglesia, a la que quiso hacer partícipe de su único y eterno sacerdocio. El sacerdote es como otro Cristo, porque está sellado con un carácter indeleble, por el que se convierte casi en imagen viva de nuestro Salvador; el sacerdote representa a Cristo, el cual dijo: «Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros» (Jn 20, 21), «el que a vosotros os escucha a mi me escucha» (Lc 10, 16). Consagrado, como por una divina vocación, a este augustísimo misterio, está constituido en lugar de los hombres en las cosas que tocan a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados (Hb 5, 1). Necesario es, por lo tanto, que a él recurra todo el que quiera vivir la vida del Divino Redentor y desee recibir fuerza, consuelo y alimento para su alma; en él también habrá de buscar la necesaria medicina quienquiera que desee levantarse de sus pecados y tornarse al recto camino. Por ese motivo, todos los sacerdotes con plena razón podrán aplicarse a sí mismos aquellas palabras del Apóstol de las Gentes. - Papa Pio XIII, “Menti Nostrae” (7), 1950.

Leer esto siempre me deja humilde como siervo de Dios. La semana pasada prediqué sobre el Buen Pastor que sale en busca de la oveja perdida. Tal es el corazón sacerdotal de nuestro Señor y de sus sacerdotes que anhelan constantemente traer almas perdidas a casa. La cantidad de personas que asistieron a la Misa de Sanación del lunes pasado para recibir la unción y confesión nos edificó. Como sacerdotes de la Iglesia de Santa Teresita, estamos constantemente asombrados de todas las obras buenas ejecutadas por el pueblo de Dios a través de nuestros ministerios y todos aquellos que asisten a Misa todos los días o visitan el Santísimo Sacramento todos los días para nutrirse de la presencia de Dios. Somos un pueblo sacerdotal llamado a hacer cosas extraordinarias en el nombre de Cristo. La semana pasada se les recordó a sus sacerdotes que simplemente estamos a su servicio para alimentarlos y santificarlos mientras todos trabajamos para construir el Reino de Dios.

Que Dios los bendiga a todos,

Padre Manny