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Del Escritorio del Padre Davis

Mientras nuestro grupo de peregrinación se prepara para regresar a casa desde Tierra Santa, habremos acabado de celebrar una misa de cierre conmovedora y muy emotiva en la Iglesia de todas las Naciones en el Jardín de Getsemaní. Es allí donde los ojos de nuestro Señor se llenaron de sudor y sangre, tan real fue su conocimiento de sus sufrimientos inmanentes. Dado que los arboles de olivos no mueren, incluso los árboles en el Jardín de Getsemaní están llenos de importancia. Esos árboles pueden haber estado realmente allí en el tiempo de Jesús. Ellos son los testigos silenciosos del evento de Cristo. La presencia de Jesús hizo santo el jardín de Getsemaní. Los ángeles lo acompañaron allí. La gran importancia de la salvación del mundo estaba siendo llevada por Jesús en oración allí. Jesús fue arrestado allí. Y el capítulo final de la vida terrenal de Jesús tomó una intensidad para la redención del mundo allí. El misterio pascual pronto sería llevado a su término. Aquellos que son sabios sabrán que la vida, la muerte y la resurrección de Cristo marcaron el comienzo de la sabiduría por la cual debemos vivir, si pretendemos vivir para siempre y brillar como las estrellas. La verdad de esta enseñanza no debe perderse.

Padre Davis

A medida que nuestro año litúrgico de gracia pronto concluye, nuestras lecturas de este fin de semana ilustran la importancia de una visión trascendente de la vida, cómo esta vida está conectada con la siguiente, y cómo las tribulaciones actuales y la coacción deben enmarcarse a la luz de la eternidad. El Libro de Daniel hace un llamado a la vida sabia, a una perspectiva divina en nuestro viaje, a un sentido sano del más allá. Con la ayuda del Arcángel Miguel, que pasemos por la angustia presente y que encontremos nuestros nombres escritos en el Libro de la Vida. A través de esta visión de la vida llena de fe, que guía nuestro camino hacia adelante, que logremos estar entre los sabios que brillan intensamente, y como aquellos que llevan a otros a la justicia, para brillar como las estrellas. Es cuando el Señor es nuestra porción y copa asignada, como dice el salmista, que tendremos esta herencia santa. El cielo nos espera.

El Evangelio de Marcos subraya estos temas escatológicos. Él cita a Jesús diciendo que el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras nunca pasarán. Cuan urgente es, por lo tanto, mantener nuestras vidas enraizadas en las palabras eficaces de Cristo, de saturar nuestras mentes con las Escrituras inspiradas, la Palabra de Dios hecha texto. Cristo exhorta firmemente a sus oyentes a que llegara el día, cuando Él regrese, viniendo entre las nubes. Él está hablando de Eschaton, la Segunda Venida, la gran conclusión de la Historia de la Salvación, cuando Cristo juzgará a los vivos y a los muertos. Él nos da consejos de un valor estelar: "ten la fuerza para pararte confiadamente ante el Hijo del Hombre". Debemos mantener una postura preparada y vigilante.

Muy a menudo, en nuestro mundo moderno, tenemos un falso sentido de confianza. Presumimos ser autosuficientes y crear nuestra propia felicidad. Muchas veces, hemos sido presa de las costumbres contemporáneas que nos dieron un exaltado sentido de sí mismos, nos convertimos en auto-referenciales y pensamos que estamos en un control total. La persona humilde, sin embargo, admitirá fácilmente que hay mucho más allá. Mucho que está más allá de nuestro control. Es suficientemente desafiante el atender nuestra propia esfera personal de influencia, para hacer que nuestras vidas sean fructíferas, saludables y satisfactorias. La jornada para encontrar paz interior a menudo está plagado de confusión. Precisamente el por qué necesitamos la exhortación de Jesús hoy. ¡Para que no nos quedemos sin rumbo, para que no nos volvamos perezosos y espiritualmente vagos en los asuntos de la eternidad, para que no perdamos el tiempo!

Sí. Para los seguidores del Señor Jesús, el cielo es nuestra meta. Comenzó con intensidad en el Jardín de Getsemaní. Nuestra humanidad pecadora fue redimida por la sangre del Cordero. Comenzó con la muerte redentora de Cristo, para revelar la gloria de la resurrección. Los que olvidan esta historia lo hacen bajo su propio riesgo. Por lo tanto, que logremos esforzarnos por estar entre aquellos que están siendo consagrados en la verdad de Cristo, a fin de tener la fuerza para pararnos confiadamente ante el Hijo del Hombre y brillar como las estrellas para siempre.