Mis Queridos Amigos,
Espero que hayan tenido una hermosa Navidad, pero la temporada continúa durante dos semanas más. ¡Qué afortunados somos! El mundo puede seguir adelante y empezar a quitar sus árboles y decoraciones, pero como Iglesia, seguimos celebrando el nacimiento de nuestro Señor hasta la fiesta de su bautismo.
Hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia, y quiero compartir con ustedes un fragmento de una de las mejores homilías jamás pronunciadas sobre la Sagrada Familia, que no fue pronunciada en este día, sino en Nazaret por el Papa San Pablo VI durante su visita a Tierra Santa en 1964. Los invito a reflexionar sobre estas palabras y a orar por la santidad de todas nuestras familias.
Que Dios los bendiga a todos,

En Nazaret, Nuestro primer pensamiento se dirigirá a María Santísima: para ofrecerle el tributo de Nuestra piedad y para nutrir esta piedad con aquellos motivos que deben hacerla verdadera, profunda, única, como los designios de Dios quieren que sea: a la Llena de Gracia, a la Inmaculada, a la siempre Virgen, a la Madre de Cristo —Madre por eso mismo de Dios— y Madre nuestra, a la que por su Asunción está en el cielo, a la Reina. beatísima, modelo de la Iglesia y esperanza nuestra.
En seguida le ofrecemos el humilde y filial propósito de quererla siempre venerar y celebrar, con un culto especial que reconozca las grandes cosas que Dios ha hecho en Ella, con una devoción particular que haga actuar nuestros afectos más piadosos, más puros, más humanos, más personales y más confiados, y que levante en alto, por encima del mundo, el ejemplo y la confianza de la perfección humana;
Y en seguida, le presentaremos nuestros oraciones por todo lo que más llevamos en el corazón, porque queremos honrar su bondad y su poder de amor y de intercesión:
— la oración para que nos conserve en el alma una sincera devoción hacia Ella,
— la oración para que nos dé la comprensión, el deseo, la confianza y el vigor de la pureza del espíritu y del cuerpo, del sentimiento y de la palabra, del arte y del amor; aquella pureza que hoy el mundo no sabe ya cómo ofender y profanar; aquella pureza a la cual Jesucristo ha unido una de sus promesas, una de sus bienaventuranzas, la de la mirada penetrante en la visión de Dios;
— y la oración de ser admitidos por Ella, la Señora, la Dueña de la casa, juntamente con su fuerte y manso Esposo San José, en la intimidad de Cristo, de su humano y divino Hijo Jesús.
Nazaret es la escuela de iniciación para comprender la vida de Jesús. La escuela del Evangelio. Aquí se aprende observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido, tan profundo y misterioso, de aquella simplísima, humildísima, bellísima manifestación del Hijo de Dios.
Casi insensiblemente, acaso, aquí también se aprende a imitar. Aquí se aprende el método con que podremos comprender quién es Jesucristo. Aquí se comprende la necesidad de observar el cuadro de su permanencia entre nosotros: los lugares, el templo, las costumbres, el lenguaje, la religiosidad de que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Todo habla. Todo tiene un sentido. (Papa San Pablo VI, 1/5/64)

