Del Escritorio del Párroco
  • 28 de Febrero – II Domingo de Cuaresma

    Estimada familia:

    Quiero que sepan que el Señor me ha bendecido abundantemente desde el momento en que me envió a esta maravillosa comunidad de fe, a la comunidad de Santa Teresita del Niño Jesús, en Coral Gables — la comunidad a la que estoy orgulloso de llamar ahora mi familia. Gracias por su apoyo emocional y espiritual durante estas últimas tres semanas desde que mi madre enfermó y falleció. Sus oraciones, sus expresiones de simpatía y amor nos han proporcionado paz y apoyo a mis hermanos y a mí y en este tiempo de dolor.

    A medida que continuamos nuestra jornada cuaresmal, y a medida que avanzamos por estos cuarenta días, la Madre Iglesia nos invita a reflexionar todos los viernes en el Viacrucis. Esta es una invitación al misterio de la muerte y resurrección de Jesús. Es una invitación al sufrimiento y al dolor experimentado por Jesús en su camino a la Cruz. No debemos olvidar que es en la Cruz donde encontramos la salvación, la vida eterna. Esta es una invitación para que tomemos nuestras propias cruces siguiendo el ejemplo de Jesús.

    Después de ser azotado brutalmente sin razón aparente, Él, que no conocía pecado fue condenado a muerte, y en lugar de luchar contra esta acción injusta, tomó la cruz libre y voluntariamente para nuestro bien. Es a través de estas catorce estaciones donde somos capaces de ver el amor, la compasión, la misericordia y el perdón de un hombre lleno de amor por sus hermanos y hermanas.

    En cada una de las estaciones hay tanta sabiduría y tanto amor ofrecido por la raza humana, para que podamos ser llamados Hijos de Dios, y tener la capacidad de regresar a nuestro Padre celestial, nuestro creador, a quien le pertenece la humanidad en su totalidad. Esta es una invitación a comparar nuestros sufrimientos y penas con los de Jesucristo, para que nosotros, como él mismo lo hizo, podamos tomar la cruz, nuestra cruz y salir victoriosos obteniendo la inmortalidad, la cual Cristo ganó por nosotros.

    A todos ustedes, mi querida familia, gracias de nuevo por ayudarme a abrazar mi propia cruz durante estos días. Quiero agradecer especialmente al Padre Manny, mi hermano en Cristo, por su apoyo y amor, a mis hermanos sacerdotes en nuestra casa, por sus oraciones y amor, y a todos ustedes que tan amablemente compartieron conmigo en mi dolor. He visto en todos ustedes a Jesucristo. Ruego y espero que este Tiempo de Cuaresma sea fructífero para todos, que profundizando en el conocimiento de Jesucristo, compartiendo Su paz y amor en la Eucaristía, y recibiendo Sus bendiciones en el sacramento de la reconciliación, todos crezcamos más en fe y amor por Él y por los demás.

    ¡Suyo en Cristo Jesús!
    P. Omar


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