2 de Agosto – XVIII Domingo en el Tiempo Ordinario

Mis Queridos Amigos,

Al regresar muchos de nosotros de las vacaciones de verano, quería que la primera columna del boletín de agosto fuera una especie de mensaje de bienvenida. Sin embargo, los obispos del estado de Florida publicaron el pasado lunes una contundente carta pastoral sobre la pena de muerte que merece nuestra atención. Dejaré mi columna programada para la próxima semana para poder compartir extractos de la “Carta Pastoral sobre la Pena de Muerte”, firmada por el Arzobispo Wenski y todos los obispos de Florida. Les pido que la lean con atención y oren por la abolición de las ejecuciones en nuestro estado.

Que Dios los bendiga,

A LOS FIELES CATÓLICOS Y A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD: El número récord de ejecuciones en Florida el año pasado, y el ritmo acelerado con el que continúan llevándose a cabo, exigen una respuesta. En 2025, el número de ejecuciones realizadas por nuestro estado más que duplicó el récord anterior y fue al menos cuatro veces mayor que el de cualquier otro estado de la nación. Además de la alarmante tasa de ejecuciones en Florida, nuestra legislatura estatal ha aprobado leyes en los últimos años para ampliar el uso de la pena de muerte. Estas incluyen la derogación del requisito de unanimidad del jurado en la sentencia de pena de muerte —lo que reduce el umbral a solo ocho de doce votos, el más bajo de cualquier estado— y la ampliación de la clasificación de delitos y de la categoría de ofensores para los cuales se puede imponer la pena de muerte. Como maestros y líderes de la Iglesia Católica en Florida, invitamos a una consideración renovada de este tema que vaya más allá de las líneas partidistas y tenga en cuenta la doctrina de la Iglesia y su autoridad moral. Deseamos revertir estos signos de una cultura de la muerte y promover una cultura de la vida al fomentar un mayor respeto por la vida humana y su dignidad inherente para todas las personas y en todas las circunstancias, incluso para quienes han cometido delitos graves. En esta carta, deseamos recordar a los católicos la doctrina de nuestra Iglesia contra el uso de la pena de muerte en situaciones —como la nuestra— en las que medios incruentos son suficientes para castigar a los ofensores y proteger la seguridad pública. También apelamos a la conciencia de todos los ciudadanos de nuestro estado como parte del debate público en curso sobre este asunto…

Afirmaciones Papales Reiteradas: En una Misa papal en St. Louis, MO cuatro años después de publicar Evangelium Vitae, San Juan Pablo II afirmó que “un signo de esperanza” de la nueva evangelización —que llama a los seguidores de Cristo a estar incondicionalmente a favor de la vida— “es el reconocimiento cada vez mayor de que nunca hay que negar la dignidad de la vida humana, ni siquiera a alguien que haya hecho un gran mal”, y renovó su llamado “a un consenso para que se decida abolir la pena de muerte, que es cruel e innecesaria”. El Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco reafirmaron posteriormente esta enseñanza sobre la inadmisibilidad de la pena de muerte, y llamaron a su abolición. El Papa Francisco incluso revisó el Catecismo de la Iglesia Católica (2267) para reflejar la oposición oficial de la Iglesia a ella y apoyar firmemente los esfuerzos para poner fi n a su uso, con estas palabras: Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo. El Papa León XIV ha reiterado el llamado de sus predecesores, declarando en una entrevista que “decir ‘estoy en contra del aborto’ pero ‘a favor de la pena de muerte’ no es realmente estar a favor de la vida”…

Conclusión: Al final, aunque los partidarios de la pena capital — quienes quizás se consideran a sí mismos defensores de la vida— reclaman que la misma sirve a un supuesto bien de justicia para las víctimas y sus seres queridos, lo cierto es que se impone a un costo mucho mayor para el bien común de la sociedad y para nuestra humanidad compartida. En cambio, como en la reinterpretación que Jesús hace de la lex talionis en el contexto de su Sermón de la Montaña, estamos llamados a una justicia más elevada como cristianos y a una justicia mejor como seres humanos, por nuestro bien común y nuestra dignidad. Para concluir, prestemos atención nuevamente a las palabras del Catecismo de la Iglesia Católica (2267): Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo. Trabajamos con determinación por su abolición, y exhortamos a todos los católicos, y a nuestros conciudadanos de buena voluntad, a poner fi n a la práctica de la pena capital en nuestro estado. Al hacerlo, hacemos nuestra la oración del Obispo Estévez en su carta pastoral, implorando a Dios que la ética de la dignidad humana impregne cada elemento de la sociedad con respeto por las personas —desde el niño por nacer más inocente hasta los condenados por delito grave— mediante hombres y mujeres de fe transformados por el mensaje evangélico del amor y de la vida de Cristo.

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