5 de Julio – XIV Domingo en Tiempo Ordinario

Mis queridos amigos,

¡Feliz fin de semana del 4 de julio! Si bien es un Día de la Independencia muy diferente sin fuegos artificiales y desfiles debido a la pandemia, aún celebramos nuestra nación y las libertades que disfrutamos. El trabajo de este gran proyecto llamado América que nuestros padres fundadores comenzaron hace casi dos siglos y medio todavía está en curso. Al igual que nuestras vidas de fe, Estados Unidos aún está incompleto, está creciendo y todavía está madurando. Incluso con las muchas fallas de nuestro país, ella sigue siendo esa “ciudad brillante en una colina” para muchos. Este año hemos sido llamados a reflexionar sobre aquellos que no comparten esa visión optimista del experimento estadounidense, pero este audaz experimento se basa en la dependencia del “Juez Supremo” al que Thomas Jefferson recurrió en la Declaración de Independencia que concluyó al afirmar: “Y para el apoyo de esta Declaración, con una confianza firme en la protección de la divina Providencia, nos comprometemos mutuamente nuestras Vidas, nuestras Fortunas y nuestro Honor sagrado”. La belleza de América es que somos muchos llamados a ser uno (“e pluribus uno”), lo que hace eco de las palabras de nuestro Salvador que oró a nuestro Padre para que todos seamos uno (cf. Juan 17:22). Sí, tenemos muchas diferencias profundas, pero estamos llamados a ver el rostro de Dios en cada uno de nuestros hermanos y hermanas, y en este día feriado, estamos llamados a amar, escuchar y respetar a los que con razón llamamos nuestros conciudadanos.

El fin de semana pasado, les anunciamos a todos que nuestro querido vicario parroquial, el Padre Luis Flores, fue transferido por el Arzobispo a otra tarea. Agradecemos al Padre Flores por sus tres años de dedicación y amor por nuestra parroquia. Él llego a nosotros como un sacerdote recién ordenado y creció ante nuestros ojos a la imagen de Cristo, el Buen Pastor. Él parte con nuestras oraciones y con una comunidad que lo ama como ha amado a todos los sacerdotes que han hecho a Cristo presente en la Eucaristía en nuestro altar. Extrañaré sus consejos y su amistad.

La partida del Padre Flores marca el comienzo de la llegada del Padre Omar Ayubi. El Padre Omar viene a nosotros de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes en West Kendall. Es un buen sacerdote que fue amado por la comunidad parroquial que nos lo envía. Únanse a mí para darle la bienvenida al Padre Omar a Santa Teresita, y recen por el éxito de su ministerio sacerdotal aquí en nuestra parroquia. Obviamente, este no es el momento más oportuno para recibir un sacerdote nuevo porque la mayoría de nuestra parroquia y sus ministerios aún están ausentes debido a la pandemia, pero el trabajo de la Iglesia continúa y lo más importante que el Padre Omar hará por todos nosotros es celebrar los Misterios Divinos en la misa. Lo confiamos a la intercesión de nuestra Santísima Madre, la Madre de todos los sacerdotes, y nuestra patrona, Santa Teresita.

Finalmente, para regresar al punto de partida de esta columna y volver al nacimiento de nuestra nación, quiero compartir las palabras sabias del Papa Benedicto XVI pronunciadas en la Casa Blanca en 2008:

Ya desde los albores de la República, la búsqueda de libertad de América ha sido guiada por la convicción de que los principios que gobiernan la vida política y social están íntimamente relacionados con un orden moral, basado en la señoría de Dios Creador. Los redactores de los documentos constitutivos de esta Nación se basaron en esta convicción al proclamar la “verdad evidente por sí misma” de que todos los hombres han sido creados iguales y dotados de derechos inalienables, fundados en la ley natural y en el Dios de esta naturaleza. El curso de la historia americana demuestra las dificultades, las luchas y la gran determinación intelectual y moral que han sido necesarias para formar una sociedad que incorporara fielmente estos nobles principios. A lo largo de ese proceso, que ha plasmado el alma de la Nación, las creencias religiosas fueron una constante inspiración y una fuerza orientadora, como, por ejemplo, en la lucha contra la esclavitud y en el movimiento en favor de los derechos civiles. También en nuestro tiempo, especialmente en los momentos de crisis, los americanos siguen encontrando energía en sí mismos adhiriéndose a este patrimonio de ideales y aspiraciones compartidos. 

¡Dios bendiga a América!